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 En los límites de la oscuridad

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kitty rose
Descubres que debajo del tatu hay carne


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MensajeTema: En los límites de la oscuridad   Sáb Feb 21 2009, 00:04

Si supierais cuanto tiempo hace que empecé a escribir esto...

Lo cierto es que no tenía intención alguna de publicarlo hasta que saltó la noticia del adiós definitivo a Prison Break. Fue entonces cuando volví a plantearme su publicación a modo de despedida personal de la serie que tanto ha marcado mi día a día en los últimos tiempos y, sobretodo, que me ha dado la oportunidad de conocer algunas amigas que ahora forman parte imprescindible de mi vida.

Vaya por delante que es un texto bastante largo, tanto que he tenido que dividirlo en cuatro extensos capítulos. A veces pasa que una historia con un desenlace previsto en pocas páginas se va enredando hasta convertirse en algo de mayor envergadura.

Por eso, voy a ir publicándola poco a poco, semanal o quincenalmente. Pero os voy a pedir encarecidamente que, si no os gusta o no os interesa o no le veis ninguna gracia, me lo digáis directamente, sin tapujos. Os aseguro que vuestra opinión nunca va a ser peor que la mía propia.... esto es además como quitarse una tirita, de un tirón duele menos.

En fin... no me lío más... ¡qué miedo y qué vergüenza!
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kitty rose
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Sáb Feb 21 2009, 00:05

Para Nataly, que me ayudó inconscientemente.
Para Winslet, porque siempre estás, pequeña.
Y, especialmente, para Lorav


EN LOS LÍMITES DE LA OSCURIDAD
(5 años después)





Capítulo 1



Bajó las escaleras corriendo a pesar de que se le había repetido hasta la saciedad que no debía hacerlo, pero no había otro remedio posible a su prisa, por que, de nuevo, la puntualidad al trabajo se le presentaba como una meta inalcanzable. La rutina diaria absorbía su vida y relegaba sus deseos de remolonear a un segundísimo plano. Sin embargo, hacía ya tiempo que había olvidado cómo quejarse al cielo y sólo sabía agradecer cada segundo de su vida, por desaprovechado que pudiera parecerle. La simple sensación de sentirse vivo le transportaba a un estado de bienestar que alejaba cualquier sentimiento de aborrecimiento respecto de su situación actual. ¿Qué importaba que aquél no fuera el trabajo de su vida si se sentía relativamente seguro? Seguía llevando el pelo excesivamente corto, casi rapado, aún cuando le habían amonestado por ello en su actual empresa. El trabajo comercial en una entidad financiera requería una imagen menos intimidante, pero él, sencillamente, lo prefería así. Había renunciado a seguir ejerciendo la ingeniería estructural, a condición de seguir manteniendo el aspecto que le unía con su pasado. A menudo acariciaba su áspero cuero cabelludo como recordatorio de otros peligros, y, sobretodo, como advertencia de lo que podía perder si se dejaba llevar de nuevo por el intrincado camino de la violencia.

Aún llevaba la corbata sin anudar. Se había convertido en una mala costumbre, en una seña de identidad propia, salir de casa con la corbata dando sacudidas a causa del viento y a punto para estorbarle en el momento preciso de abrir la puerta del coche. Salvo algunos días, y por aquellas mañanas, dejaba su corbata caída y lánguida sobre su pecho.

Entró en la cocina y, nervioso, rebuscó entre los cacharros del día anterior una taza donde calentarse un poco de café. Se permitió un instante para mirar desde la ventana y apreciar el día radiante que despuntaba en aquél lugar encantadoramente ordinario. Contempló la calle desierta, atento a cómo se desperezaba lentamente, saboreando la tranquilidad y exhalando una bocanada de seguridad. Enfrente de su casa, otra igual se hacía acompañar de otra exactamente igual, pero cada una de ellas alojaba una vida diferenciada. A Michael le encantaba detener su mirada cada mañana en el columpio de la casa de sus vecinos que se mecía tímidamente como añorando la calidez de un cuerpo infantil en su regazo.

Seguía ensimismado y ajeno al ritmo acelerado de su reloj, cuando oyó unos pequeños y torpes pasitos a su espalda. Justo en el momento en que Michael giraba la cabeza en su dirección, un golpe sordo, seguido de un débil llanto que crecía en intensidad, le indujo a soltar la taza de café que sostenía entre las manos y que se hizo añicos al chocar contra el suelo. Apretó a correr hacia la entrada, hacia el final de la escalera, y allí, al pie del último escalón, el diminuto cuerpo de Emma yacía tembloroso. Anegada en el llanto, buscaba la atención y el mimo de la protección paterna. Michael se agachó y la colocó entre sus rodillas, examinándola con detenimiento, y acto seguido le apartó el sedoso cabello de la cara a su pequeña, secándole las lágrimas con cuidado, mientras la abrazaba a fin de consolarla y ahuyentar el susto que le había supuesto la tonta caída que había sufrido al enredarse con sus propios pies.

Una sonrisa se empezaba a intuir en el rostro angelical de Emma, cuando una cabeza de cabellos enmarañados apareció en la parte más alta de la escalera:

- ¿Estáis bien? ¿Qué ha pasado? – preguntó.

- No es nada, estamos bien, ¿verdad Emma? – respondía Michael a viva voz, mientras padre e hija asentían con la cabeza al unísono y sin apartarse la mirada.

Llevaban en esa casa casi tres años, los mismos que tenía Emma. Se instalaron de noche, sin la molestia de los camiones de mudanza ni la curiosidad de los vecinos. No habían escogido personalmente ninguno de los muebles que decoraban las estancias. Ellos hubieran optado por otra clase de mobiliario, pero no cambiarían nada. Entraron en la casa con una pequeña criatura en sus brazos que emitía gorgoritos y luchaba contra el sueño que la envolvía; esa nueva razón para vivir era todo lo que necesitaban para instalarse cómodamente en su nuevo hogar.

Michael siempre recordaría vivamente la primera mañana en su nueva residencia y cómo al despertarse le había embargado la sensación de que ningún paréntesis en su vida le había alejado de la plenitud que disfrutaba. Se hallaba en el tipo de casa que siempre había soñado para esa familia que oteaba en su horizonte.

En los interminables años que pasó de una casa de acogida a otra había podido disfrutar de las ventajas de vivir en los suburbios de Chicago, pero ninguna de esas estancias había durado lo suficiente como para hacerle sentir a gusto. Era inevitable que Lincoln acabara metiéndose en líos, agotando la paciencia de las sufridas familias que habían accedido a hacerse cargo de ellos, hasta que se iniciaba de nuevo la peregrinación de familia en familia. A los 8 años, Michael confiaba en que su abierta sonrisa ahuyentara los demonios que guiaban a Linc por el mal camino, para tener así la posibilidad de permanecer en algún sitio más allá de unas pocas semanas. De todas formas, siempre se aferraba a la mano de su hermano como a un clavo ardiendo.

El día que fueron obligados a separarse por la estúpida condena a seis meses en un reformatorio impuesta a Linc, su pequeño mundo se hundió. Por extraño que pudiera parecer y a pesar de su errática conducta, su hermano representaba la estabilidad; era el único que seguía a su lado desde que él tenía memoria, y era el único en quien confiar, lo que convertía todas sus acciones en perdonables.

Aquella separación desajustó su escasa infancia y se descubrió a los 8 años con el imperativo de encarar su vida como si hubiera vivido el doble de sus años. A tan tierna edad, sus ojos desafiaban la inocencia y se vestían de una fingida valentía. La reclusión de Linc había dejado a Michael en una difícil tesitura y, aunque durante un tiempo disfrutó de una relativa tranquilidad en el centro de menores, su situación se tornó fragilidad cuando le fue asignado un nuevo apadrinamiento. Lincoln no estaba con él, y debía comportarse como un hombrecito, así que recogió sus cosas, abrazó el osito que le regalara su hermano en su último cumpleaños – sin atreverse a preguntar su procedencia – y lo introdujo en el fondo de su mochila, convencido de que el juguete le mantendría con los pies en la tierra y le transmitiría la fuerza que irradiaba su hermano mayor. Al subir al coche con la supervisora del centro, Michael quiso imaginar un nuevo padre cariñoso, comprensivo y atento, aunque el peso de su estómago y la opresión de sus pulmones le anunciaran un mal presagio que no era capaz de descifrar a su corta edad y que acababa achacando a la emoción y el nerviosismo.

En realidad, no era mucha la diferencia entre aquella vivienda en la que había sobrevivido hasta que su desconocido padre acudió en su rescate, y esta otra en la que ahora se hallaba. Pero, por fin había aprendido que la definición de un hogar no se reduce a cuatro paredes, sino a la gente que acaricia y respira dentro de ellas. A veces, al entrar en su casa, aún a miles de kilómetros de Chicago, le invadía un sentimiento de claustrofobia y sentía la imperiosa necesidad de proteger a su hija en un abrazo interminable. En un rincón de su mente, el peso de los malos tratos seguía cohibiendo su pasión por la vida, aunque, por fortuna, tenía a su lado un alma comprensiva y pura que desinhibía sus actos.

Los profundamente azules ojos de Emma miraban embobados a su papá mientras sostenía el cuenco de sus cereales en las manos con la esperanza de que en un futuro muy cercano su padre se decidiera por fin a inclinar el cartón de leche con la que bañar su delicioso desayuno, y dejara de mirar fijamente aquella pared vacía en la que ella no había conseguido ver nada pese a haberlo intentado con gran énfasis. Ya acercaba Emma su manita a la chaqueta de Michael para reclamar su atención cuando un embriagador perfume de acondicionador de cabello se esparció suavemente como una brisa ligera, obligando a Michael a darse la vuelta, a la par que unos brazos, delgados, femeninos y fuertes, se adelantaban y, mecánicamente, le ajustaban la corbata. Una sonrisa espectacular se dibujó en su rostro al recibir el suave beso de Sara en la mejilla.

Michael y Sara no tenían muchas oportunidades de disfrutar de las mañanas en familia. A esas horas, ella solía tener turno de urgencias en el Lakeview Hospital de Bountiful City, en el estado de Utah. Pero se daba la circunstancia de que el fin de semana anterior había trabajado el doble, supliendo a un compañero, lo que le otorgaba el derecho a descansar ese jueves por la mañana. El trabajo en urgencias del hospital era agotador pero sumamente gratificante para Sara, ya que le daba la oportunidad de entregarse en cuerpo y alma a su necesidad de dedicación y atención hacia los demás. El Hospital disponía de un servicio para gente sin recursos económicos suficientes, en el que Sara había recalado tras entrar en el programa de protección de testigos. Enfundarse de nuevo en una bata blanca y acariciar el estetoscopio significó una importante victoria frente a un antiguo destino fatal y destronado. En su presente actual su familia ocupaba un lugar preeminente, y al milagroso hecho de haber recuperado a Michael le sumaba la preciosa vida que habían creado entre los dos, colmándoles de una felicidad que, por lejana, creyeron inalcanzable.

Definitivamente, aquella mañana desayunar había devenido una misión imposible. Emma estaba muy acostumbrada a las muestras de cariño entre sus padres, y a esperar pacientemente a que las mismas se apartaran a un lado y le cedieran su merecidísimo espacio, pero su estómago infantil inició, por voluntad propia, una vigorosa protesta en reclamación de su ración diaria de energía, por lo que decidió aventurarse y servirse ella misma la leche. El recipiente pesaba más de lo que había calculado; aún así reunió sus pequeñas fuerzas en una intentona que acabó por verter el líquido blanquinoso sobre la mesa de la cocina, sin conseguir más que unas leves salpicaduras que apenas humedecieron sus sedientos cereales. Consiguió, sin embargo, que sus padres le prestasen atención, y Sara se precipitó en su ayuda, mientras Michael se afanaba en recoger los desastres de aquel desayuno eterno, justo en el preciso instante en que el reloj del salón anunciaba las nueve en punto de la mañana, lo que le devolvió a la realidad de sus responsabilidades. Agarró su maletín, besó apresuradamente a Sara y a su hija, y salió por la puerta centelleando.

Por encima de la verja del jardín, su vecino Mathew le saludó, y recibió el mecánico buenos días de Michael, meneando la cabeza, en un gesto de matemática resignación ante el perfecto patrón de conducta que se repetía en aquella casa aislada pero colindante a la suya los días que Sara libraba del hospital y cuyo resultado final e ineludible se traducía en una flagrante impuntualidad laboral de su estrambótico conciudadano. Sin embargo, Michael era ajeno a estas cavilaciones de su vecino y, en ese instante, fijaba su objetivo en minimizar el retraso a la oficina, así que, sin más preámbulos, subió al coche y arrancó en dirección al lugar que aseguraba su sustento.

No había recorrido más de quinientos metros cuando su móvil sonó. Una media sonrisa apareció en su rostro al identificar al autor de la llamada. Era Lincoln.

- Buenos días, hermano, ¿has madrugado para hablar conmigo? ¡Qué honor! – bromeó Michael al descolgar el teléfono.

- Muy gracioso, veo que te has levantado animado hoy. ¿Dónde estás?

- En el coche, camino del despacho.

- ¿No tendrías que haber llegado ya al trabajo? – preguntó Lincoln en tono jocoso – Parece que a alguien se le han pegado las sábanas...

- Jajaja... Cuesta un poco salir de casa cuando Sara tiene el día libre.

- ¡Ah! ¡Claro!.... lo que yo decía, se te han pegado las sábanas...

Unos segundos de silencio permitieron que la sombra de preocupación que invadía a Lincoln viajara a través de la línea telefónica y rebotara en Michael, obligándolo a reaccionar y a cambiar el tono de su voz.

- ¿Está bien LJ? ¿Y Jane? – preguntó a su hermano.

- Sí, sí, ellos están bien...

- Entonces, ¿cuál es el problema, Linc? Te noto extraño...

- Ayer recibí una llamada inesperada. Al principio rehusé contestarla y dejé que el teléfono sonase, pero la insistencia me obligó a descolgar.

- ¿Quién era? – inquirió Michael en tono de alerta.

- Nunca pensé que volvería a tener noticias de ella, no tal y como acabaron las cosas entre nosotros. Nunca después de que me hubiese dejado. Y llega en el peor momento... Jane jamás supo nada y yo ahora estoy bien con ella. LJ la ha aceptado bien, es feliz y disfruta de la vida como cualquier otro chico de su edad. Y ahora reaparece y pone patas arriba lo que tanto me ha costado mantener – las palabras salían atropelladamente de boca de Lincoln.

Michael sabía perfectamente de quién hablaba su hermano. Recordaba con nitidez lo que había supuesto para Lincoln aquella historia, que se había clavado en su interior con una profundidad que jamás reconocería, pero que provocaba las dudas y la ansiedad que le habían invitado a llamarle a la mínima oportunidad.

- No tienes porque verla, ni hablar con ella. Si no contestas a sus llamadas, se cansará y dejará de insistir.

- Ya he hablado con ella y ya hemos quedado en vernos. No tuve escapatoria – suspiró Lincoln.

- Aún puedes cancelar la cita...
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kitty rose
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Sáb Feb 21 2009, 00:05

Al escuchar la palabra cita, Lincoln desconectó mentalmente de la conversación que mantenía con su hermano y volvió a verse solo y desamparado en aquella Terminal maloliente del aeropuerto de Panamá City, con sus escasas pertenencias en una pequeña maleta cargada de ilusión. Su rudo aspecto resultó inútil frente a la desolación que se apoderó de él cuando vio elevarse aquel avión con destino a París, en el que debía viajar junto a Sofía. Sabía de las dudas que la amenazaban, y de los remordimientos por dejar a Whistler atrás, pero siempre había confiado en que ella pudiera mirar adelante, viéndole en su horizonte. Se había esforzado hasta lo indecible en dejar que su alma se asomara a sus ojos, y aún así, Sofía seguía enganchada a una historia donde la traición y las medias palabras eran la nota dominante. Aquél viaje a la ciudad de la luz era la última oportunidad para ambos. Poner tierra de por medio había resultado insuficiente y se hacía necesario interponer un océano para acallar la frustración que se había instalado en el corazón de Sofía con visos de permanencia, y contra la que se había revelado escasa la inusual paciencia de Lincoln. Una extraña inflexión en la voz de Michael, le rescató de su pasado a punto para presenciar como su hermano cortaba la comunicación con unas últimas palabras sumamente intrigantes:

- Linc, tengo que colgar… me están siguiendo.

- ¿Quién te sigue? ¿qué está pasando? – bramó Linc antes de sentirse traspasado por el pitido de la línea telefónica que había quedado libre.

Michael, nervioso y excitado, no podía apartar la vista del espejo retrovisor, y se vio obligado a parar repentinamente al cambiar el semáforo de ámbar a rojo. El impresionante jaguar oscuro que había seguido atentamente la trayectoria de Michael también se detuvo a dos coches de distancia del suyo. Los cristales tintados le impedían discernir quién podía esconderse detrás del volante, pero seguía intentándolo, clavando sus ojos en la lejanía que se reflejaba en los espejos de su vehículo, a la vez que buscaba una escapatoria y una distracción que detuviera esa absurda persecución.

Antes de que el destello verde le diera paso, arrancó estrepitosamente y giró hacia la izquierda, tras asegurarse unos segundos de ventaja al pasar rozando un descomunal coche rojo que se aproximaba velozmente y en dirección contraria. Entró en una calle estrecha por la que nunca antes había pasado. Los edificios altos y destartalados parecían a punto de estrellarse contra el asfalto, pero su concentración sólo le permitía fijar sus movimientos en cerciorarse de que perdía efectivamente a sus perseguidores, por lo que, desconfiando del espejo retrovisor, giraba sobre sí mismo continuamente para comprobar que la retaguardia seguía despejada. De repente, un espectacular coche azul oscuro, radiante y recién encerado, apareció de la nada, trabándole el paso, y obligándolo a detenerse lentamente, sin escapatoria aparente. Aquel vehículo que se había quedado varado en el semáforo, le había dado alcance. Una figura masculina imponente, pulcramente vestida, despeinado sólo en apariencia, que ocultaba sus ojos tras unas gafas de sol estilo aviador, descendió con paso seguro del coche e invitó a Michael a apearse a fin de poder hablar cara a cara.

- Hola Michael – dijo con voz profunda a la vez que descubría el azul de sus ojos.

- ¿Qué quieres, Alex?
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SaraTancredi
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Dom Feb 22 2009, 02:18

Wooooo!!!!



Kitty me haz dejado un sabor de querer saber mas y mas de la historia, cada que leia una linea las ganas inconscientes de bajar la mirada para saber que pasa luego, me ganaban ..... me gusto mucho como describiste a Michael y Emma tiene los mismos ojos de su padre, el beso de Sara.... ayyyyyy pero todo lindo....... FELICITACIONES la historia esta "B-E-E-Llisima" y me muero de la curiosidad por saber que vendra despues....
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winslet
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Dom Feb 22 2009, 19:12

aplausos aplausos


Antes que nada, Gracias por hacerme volver a soñar. Si Kitty, es así, es una sensación increíble comprobar, que si en algún momento esta historia falló en la imaginación de sus creadores, no lo hizo en la de algunas personas ajenas a la creatividad oficinal, pero cercanas por implicación hacia los personajes. La sensación de abandono, se diluye.

Gracias también por la dedicatoria, seguro que Nataly y Lorav estarán felices también. Me ha emocionado bastante y curioso es que yo te agradezca silenciosamente lo mismo, Gracias por estar siempre, Gracias por no desaparecer.

Gracias finalmente por la historia que has creado. Ha atrapado mi atención desde la primerísima línea. Adoro lo que has escrito y como lo has escrito, y hasta tal punto lo hago, que cuando me sumergí en esta historia, con mis cuatro folios impresos de la mano, olvidé quién lo había escrito, y caí por completo ensimismada en lo que me estaban contando.
Cuando acabé la lectura sentí una fugaz sensación de desorientación, pues quería volver “allí”, “allí” me encontraba bien.
Tu relato está maravillosamente enlazado y coordinado. Lleno de detalles, gestos, dónde los personajes son fácilmente reconocibles.
Tienes un talento, que además te hace feliz, créetelo Cris. Me conoces un poco, y sabes que no digo las cosas por decir.

Estoy encantada con el enfoque que has dado a la vida de estos personajes que adoro, porque sencillamente es lo que mi imaginación desea para ellos. Unas vidas profesionales separadas, y una unida vida familiar alejada del mundo que antes absorbía su atención.
Me derrito totalmente con tu Michael de cabeza áspera, con sus medias sonrisas tan reales por los que amamos el personaje. Me derrito al visualizarlo como padre de una niña, consolándola encima de sus rodillas, apartando de su cara su sedoso pelo.... diooossssss muerooooooo.
Me derrito literalmente con los brazos fuertes, delgados y femeninos de Sara ajustando la corbata siempre desanudada como seño de identidad. Me derrito con el hecho de que a Michael se le peguen las sábanas..

Adoré la tranquilidad y el amor que flotaba en aquella casa de muebles no elegidos, pero confortables porque lo importante son las personas.

Me encanta el flashback al pasado de Michael y como lo has insertado en la mirada fija al vacío, desde la que Emma reclama su atención.

Me intriga la llamada de Sofía, y disfruto al saber que es Jane la pareja de Linc (¡tal para cual!)

¡Adoro la entrada final de Alex!. Aunque te confieso que sentí un clic extraño cuando leí que alguien perseguía a Michael. Creo que estoy agotada de tanta “acción”, y necesito paz para ellos.


Esperar la continuación de esto, será otro maravilloso aliciente semanal.
¡Gracias Kitty!

Quiero acabar con esta frase, que leí, releí, y volví a leer otra vez ¡Que maravilla!

Citación :
La simple sensación de sentirse vivo le transportaba a un estado de bienestar que alejaba cualquier sentimiento de aborrecimiento respecto de su situación actual.

___

Siento un poco de apuro porque no he leído el resto de fics aquí publicados. Wenty, SaraT, prometo hacerlo pronto.

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oscugary
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Lun Feb 23 2009, 02:39

Hola a todas

Bueno hasta que me di un tiempo para leerte como manda el reglamento y que pedazo de historia, mi Mike con su nena en las rodillas y lo mejor es Sara haciendo su lo que ha ella le gusta que es ayudar a los demas siendo medico, lo que senti medio nostalgico es a Mike parece que no le gusta mucho su nuevo trabajo.

Dije WHATTTTTTTTTTTT cuando lei Jane y no Sofia pero vale, vale y vale y la entrada de Alex de infarto, cuando lei me persigen dijo NOOOOOOOOOOOO otra vez la Compañia NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Esperando ansiosa la otra entrega

PD comparto con Wins me encanto que a Mike se le pegaran las sabanas jajajajajaj

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Eressie
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Lun Feb 23 2009, 13:13

hola!!!! hace tiempo lei los otros fics que habia por aqui, y bueno como no tenia que leer tambien este.
deciros que me han encantado todos, sois unas magnificas escritoras. aplausos aplausos

Respecto a esta historia tengo que comentar que me ha encantado, es preciosa y tengo ganas de seguir leyendo mas, me he quedado con la intriga, jaja si me ha enganchado. Mr iba imaginando cada imagen que se ibaevocando en mi mente al leer las palabras, como Michael baja las escaleras corriendo porque llegaba tarde, los preciosos ojos de Emma iguales que los de su padre, la leche derramada por la mesa a cuasa de lo pequeños bracitos de Emma sin fuerza suficiente para agarrar el carton, como Michael suelta la taza y se ace añicos al oir el suave llanto de su niñita..... ect.....ect

Me ha gustado mucho la idea de que Sara por fin tenga un trabajo como medico y poder ayudar a los demas, es como si todos sus sueños se hubieran cumplido, su trabajo, su hija con Michael, Michael y una vida tranquila.

Cuando Linc le dice que donde esta, y que por que no habia llegado a trabajar ya, y le contesta que le cuesta irse cuando Sara esta en casa me ha encantado ese momento de confesion a su hermano, diciendole entre lineas que no hay nada mas importante que ella y su hija (bueno eso es lo que yo he interpretado XD ) jajaja y Linc diciendo que se le han pegado las sabanas (a mi tambien se me pegarian si cada mañana el desperterme tuviera a Went a mi lado jaja)

En fin que tengo ganas de continuar con leyendo tu historia, saber lo que quiere Alex, y lo que ocurre con Sofia y Linc y el regreso de Michael a su calido hogar.

me encanta este icono del gatito


PD: hace tiempo escribi un reato cortito sobre MiSa, mas especificamente trata del MiSasex, si quereis lo subo, aunque no soy una gran escritora como vosotras, pero bueno era como me lo imagine en aquellos momentos y viendo que quiza nos quedemos sin (espero que no sea asi y nos muestren algo, que con un poquito vale mejor que nada)
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Nataly
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Lun Feb 23 2009, 23:28




Kitty, Enhorabuena porque esta historia es maravillosa. No se porque, pero no soy muy dada a leer fanfics, y as conseguido atraparme desde el primer momento. Y me he quedado con ganas de más.

Adoro como as descrito a Michael en su faceta de padre. Es algo que en Prison no nos han mostrado, pero que yo me he imaginado mucho y es así exactamente como lo hacia.

No dejes nunca de escribir, porque vales mucho.

Muchísimas gracias por la dedicatoria. Si te ayude de la forma que pienso, no se hasta que punto me la merezca. Aunque si te ayudo a escribir, me alegro mucho de haberlo hecho.

Esperando ansiosa el segundo capitulo.



Eressie, primero de todo bienvenida. Veras como te lo pasas bien.

Y segundo, anímate a publicar tu historia, y más tratándose de misasex. Menos mal que nos queda la imaginación, porque si estamos esperando a la serie.
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kitty rose
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Mar Feb 24 2009, 23:53

Chicas, todas, ¡estoy muy emocionada con vuestros comentarios! No esperaba este recibimiento y me siento realmente abrumada. Significa muchísimo para mí que esta sencilla historia os interese y despierte vuestra curiosidad.... La palabra GRACIAS se queda pequeña, pero no tiene sinónimo.


SaritaT, que los ojos de Michael –o de Went- pasen a la siguiente generación debería ser de obligado cumplimiento... por si acaso yo me ofrezco voluntaria Es una gran satisfacción que alguien te diga que siente impaciencia por seguir leyendo. Gracias, preciosa.

Wins, hay tantas cosas que querría decirte... Entre todas ellas, una emerge con fuerza. También me conoces lo suficiente para creerme cuando te digo que no tengo intención alguna de desaparecer, porque aquí me atan lazos de amistad. Tenemos una conversación pendiente, apúntatela, porque te la debo.

winslet escribió:
Adoro lo que has escrito y como lo has escrito, y hasta tal punto lo hago, que cuando me sumergí en esta historia, con mis cuatro folios impresos de la mano, olvidé quién lo había escrito, y caí por completo ensimismada en lo que me estaban contando.
Cuando acabé la lectura sentí una fugaz sensación de desorientación, pues quería volver “allí”, “allí” me encontraba bien.

Creo que esto es una de las cosas más bellas que me han dicho jamás. Significa haber creado algo, desde mi interior, pero separado de mí, con entidad propia, y capaz de provocar sensaciones en otras personas... Ufff, me mareo sólo de pensarlo.

Gracias por reparar en los detalles, por leerme más allá de las letras e intuir mi estado de ánimo al escribir, y Gracias, de nuevo, por tu presencia consoladora.


Para ti y para Oscu, para calmar vuestra adrenalina, os diré que habrá tiempo para todo tipo de “acción”.

Oscu, muchas gracias por tu tiempo, de corazón. Aciertas cuando dices que a Michael no le gusta su actual trabajo, pero ha tenido que sacrificar su profesión, pese a amarla profundamente. A mi modo de ver, seguir con ella, después de todos los avatares que le han perseguido, le pondría claramente al descubierto, y ahora mismo, el peligro aún no ha pasado.

Eressie, ese Michael que yo intento describir y haceros llegar, se quedaría en casa, cada día, con Sara bajo las sábanas y Emma aupándose a sus brazos. Buscaba la otra cara de la faceta familiar de Michael, darle algo de lo que debió imaginar ante una familia tan desestructurada como la suya.
Gracias por escribir con nosotras y debo darte toda la razón del mundo cuando dices que este foro está poblado de grandes escritoras, pero no por mí, sino por otras amigas que derrochan talento.

Nataly, gracias princesa! Si lo que piensas, es algo que ha acudido a tu mente al ver la foto de presentación de este fic... ¡bingo! Pero ese momento es sólo un ejemplo, siempre me he sentido muy apoyada por ti, has creído en mi más que yo misma, y con frecuencia me has dicho cosas que de ninguna manera podría pasar por desapercibidas. Ya me tocaba devolverte algo de ese cariño.

Siguiente entrega... próximamente.
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wenty miller
Intentas hacer la receta de Mrs. Miller


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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Miér Feb 25 2009, 17:33

Kitty mi niña, no te había comentado porque aún no he podido leer tu fan fic pero te prometo que lo haré en cuanto pueda, qué ganitas de leerte!!
me acabo de acordar de que tengo un fan fic que hice hace algún tiempo que nunca he subido porque es demasiado triste y termina mal...no sé en qué estaba pensando cuando lo escribí...
así que como me gustan los finales felices....

ya te comentaré como mereces,Kitty!!!

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kitty rose
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Dom Mar 01 2009, 21:53

Wenty, mi niña, a tu ritmo, cuando puedas y quieras que no hay ni obligación ni prisa alguna... Gracias por tu presencia.
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Capítulo 2


Alexander Mahone había dejado atrás su decepcionante etapa a las órdenes de la Compañía, para formar parte del Consejo Asesor de la Presidencia, pasando a ser un habitual en el despacho oval, tras reciclarse como experto en conspiraciones, traiciones y ataques al patriotismo exacerbado que vivía el país en aquélla época. Por increíble que pueda parecer, su reincorporación a la vida civil había sido triunfal, hasta el punto de declararse el primer sorprendido ante la reorientación que había sufrido su carrera y que le había permitido recuperar un estatus que creyó perdido para siempre. Los hechos principales de aquella particular redención aparecían confusos en su memoria, al contrario de la determinación que había guiado su conducta hacia la ineludible expiación que le permitiría recuperar la principal razón de su existencia. Su peculiar alianza con James Whistler le había colocado en una posición privilegiada a la hora de vengar las ultranzas que le habían sido infligidas desde aquella traicionera organización criminal. Seguía sin comprender el mecanismo del detonante que había iluminado su mente durante el fallido juicio del que fue protagonista pocos días después de aterrizar en la prisión panameña de Sona. Ante aquel tribunal, en aquella sala repleta de gente ignorante de sus circunstancias personales e indiferentes al valor de su vida, Mahone decidió que emprendería el camino de su propia justicia y acabaría con el terror que se había instalado en su existencia a su manera, depositando su confianza únicamente en sus posibilidades. Aquel día estaba en el punto más álgido del síndrome de abstinencia, descoordinando sus movimientos de tal forma que parecía que caminaba sobre una alfombra de pinchos. Por si fuera poco, su vista nublada le aislaba del mundo exterior, distorsionando la realidad. Ésta se le presentaba en su cabeza como un sueño en el que observaba a un actor con el que guardaba un parecido asombroso. Consiguió ver con claridad la ridícula posición en que ese otro yo se encontraría de seguir los cauces legales que le estaban marcando en aquella pantomima judicial y trazó mentalmente una meta que precisaría de días de aislamiento en Sona para perfeccionarse.

Nada de eso importaba ya, cualquier vinculación con la Compañía había quedado enterrada en el pasado, junto con su terrible experiencia en Sona, o así lo creía al menos, hasta aquella llamada que lo había despertado el día anterior y que lo había emplazado a esperar nuevo contacto telefónico durante el transcurso de la tarde. Los fantasmas regresaban, sacudiendo la sábana de la ignorancia en la que había sepultado aquellos infames recuerdos que, de tanto en cuando, perturbaban su sueño con pesadillas de las que despertaba bañado en un sudor frío que sólo Pam era capaz de atemperar.

El timbre del teléfono sonó de forma diferente aquella tarde extraña y anodina que había pasado en su despacho de Washington D.C.. Fue consciente de la misión que se le encomendaría antes de descolgar, pero no podía, simplemente, ignorar aquel reclamo. Su obligación, su sentido de la responsabilidad y su deseo de acabar de una vez por todas, le sirvió de acicate contra el miedo que recorría su cuerpo como un insecto de patas pegajosas. Un nombre, una dirección y una foto escaneada y enviada por el servidor seguro de internet… no necesitaba nada más que su férrea voluntad para encontrar al último eslabón de la cadena, al último obstáculo que le impedía disfrutar del reposo definitivo que habría de finiquitar esas pesadillas que le atormentaban a él, y que, asimismo, debían atormentar a los hermanos Burrows y Scofield.

Sin otorgar oportunidad alguna al desaliento ni al arrepentimiento, echó mano de sus contactos en el programa de protección de testigos y aquella misma tarde consiguió dar con el paradero de Scofield. Sara y él eran celosamente vigilados y protegidos, como bien suponía Mahone, pero tenía a su disposición todo un catálogo de recursos que le facilitarían el acceso. Michael había sido su aliado inconsciente e ignorante, la inteligencia cándida de la que se había servido para atrapar a los máximos responsables de la Compañía, y, de paso, vanagloriarse y ganarse una medalla al mérito a costa de la vida de Michael. Él recuperaría a su familia y su prestigio, pero su socio y rival se vería obligado a vivir a la sombra de un personaje casi de ficción que acabaría por adoptar la forma de una leyenda irreal, escondida tras una nueva identidad. Sin embargo, eso podía cambiar y estaba en su mano hacerlo. Tras su determinación se ocultaba la necesidad no reconocida de hacerse perdonar por sus malas acciones pasadas que habían puesto a la familia Scofield contra las cuerdas, aunque era consciente de que conseguir ese perdón era tan difícil como alcanzarle una estrella a un niño. El último escollo había sido aprehendido y puesto a disposición judicial. La persona que había sido depositaria de los secretos más destructivos y básicos de aquella conspiración era ya un reo en espera de un juicio, en el que la presencia y el testimonio de Michael era pieza clave de la efectiva condena.

Mahone cogió su chaqueta del colgador, sacó su cartera del cajón, se la guardó en el bolsillo de su americana, reculó unos pasos para tomar el expediente de James Whistler que acababa de abrir y se apresuró hacia la azotea donde le esperaba el helicóptero que le llevaría hasta Utah, a un paso de aquella calle desierta y angosta que le servía como escenario de su primer enfrentamiento con Michael transcurridos cinco años.

Una nube densa y oscura tapó durante unos segundos el sol cegador que se había instalado cómodamente en Bountiful City aquel jueves anticipo de una primavera que esperaba ansiosa a la vuelta del calendario para hacer su aparición estelar. Aún así, el ceño fruncido de Michael no se permitió ni ese instante de descanso y seguía con la mirada fija en Mahone quien, a pesar de las gafas de sol que, de nuevo, camuflaban sus ojos acuosos, dejaba entrever su nerviosismo, moviendo las manos sin cesar. Alzó la vista por fin, y Michael, inquieto, dio un paso adelante para obligarlo a reaccionar, consiguiendo únicamente que los compañeros del ex-agente del FBI echaran mano de sus pistolas en señal de una defensa innecesaria. Con un gesto de su mano, conminó a sus hombres para que apartaran las manos de sus armas, ayudando a relajar una tensión que se extendía como un velo invisible, aumentando la densidad del aire hasta el punto de que la respiración se hacía más costosa.

Mahone quiso imaginar cómo era la vida de Michael, quiso imaginar cómo se había adaptado a su nueva situación, quiso imaginar cuáles eran los anhelos que moraban en su corazón, pero se perdía en el hilo del discurso que había ido desarrollando en el trayecto en helicóptero para convencerlo de salir de su aislamiento y testificar contra Whistler. Las palabras salieron torpes y avergonzadas de sus labios resecos:

- ¿Qué se dice a alguien que hace cinco años que no ves y de quien no te separaste amigablemente? – dijo Mahone ante la mirada atónita de sus hombres.
- Para empezar, el motivo de su visita – contestó insolentemente Michael.
- Tienes razón… No crees que tenga sentido alguno que te pregunte cómo estás, ¿verdad?
- Al grano, Alex – dijo Michael enfatizando esa x final- Llego tarde al trabajo.
- No, no llegas tarde. No tienes que ir, eso ya está arreglado. Hay algo más importante de lo que ocuparse hoy.

En otro extremo de la ciudad, Lincoln deambulaba delante de la terraza de una cafetería. Las mesas vacías se hallaban dispuestas para recibir a los clientes que aquellas horas permanecían prisioneros en la multitud de oficinas que ocupaban los edificios circundantes. Al otro lado de la barra del interior del local, un joven camarero secaba distraídamente los vasos de la mañana mientras seguía con desinterés el programa televisivo que se retransmitía a aquella hora cercana al mediodía. El sol castigaba a los escasos transeúntes que se habían aventurado a caminar por aquel lado de la acera desprotegida, abandonada por la dulce sombra. Los coches apresurados que circulaban por allí incrementaban la sensación de calor asfixiante gracias al humo que expulsaban sus tubos de escape. Linc miraba continuamente su reloj, en un gesto de impaciencia que le resultaba imposible de disimular. Una pareja, absortos el uno en el otro, pasó por delante suyo y se distrajo en su felicidad, hasta el punto de no percatarse de que alguien se había detenido a su espalda, y le enviaba unos efluvios de perfume que no consiguieron causar ningún efecto en él, por lo que una voz femenina tuvo que alejarlo de su distracción. Linc se giró lentamente en su dirección, sin albergar duda alguna sobre la dueña de esa cadencia sureña en las cuerdas vocales.

- Hola Sofía.

Se sentaron, se miraron y entablaron una conversación repleta de banalidades. Sofía seguía ocultándose tras una apariencia frágil, reclamando protección a través de sus ademanes. A su pesar, había perdido algo de aquella ingenuidad que había hipnotizado a Lincoln en el pasado. Éste intentaba, sin éxito, escudriñar en sus ojos la intencionalidad de aquella cita. Se hablaban mecánicamente, ajenos al significado literal de las frases que sobrevolaban sus oídos sin detenerse. El único lenguaje que atraía su atención era el corporal y en él buscaban la materialización de unos sentimientos que ambos esperaban que hubieran permanecidos latentes, para poder echar mano de ellos en caso de necesidad. Lincoln luchaba tenazmente por no sentirse confundido e intentaba dibujar en su mente el rostro de Jane, pero los trazos se difuminaban en el sonido de la voz de Sofía, como si al soplar las palabras, el carboncillo del retrato se difuminase en el aire. Buscaba esa concentración, cuando ella empezó a hablarle de Whistler y el torbellino de sentimientos encontrados se agazapó a su espalda, permaneciendo atento por encima del hombro, hasta que ella relacionó a su hermano con el falso pescador, y se evaporaron en el calor de la tarde. Se hizo la luz y el destello le deslumbró, cegándole momentáneamente y colapsando su raciocinio, que batallaba por imponerse a la ira y a la impotencia de no hallar el freno antes de ser vilmente utilizado. Su parloteo le impedía discernir con claridad; hubiera deseado que el silencio se impusiese entre ellos, durante unos segundos como mínimo, pero parecía incansable, aunque únicamente era nerviosismo e inseguridad aquello que la alentaba a no callar.

Sofía llegaba al epicentro de su discurso, descubría sus naipes y, aunque Lincoln intentaba mantener cara de póquer, buscando el farol tras el que camuflarse, se iba exasperando por momentos. No acertaba a entender cómo ella podía tener la desfachatez y la sangre fría de pedirle que no testificara contra Whistler, que no terminase con lo único que le quedaba en su vida, en homenaje a lo que una vez sintieron el uno por el otro. Su mente barruntaba improperios y su desconfianza ganaba terreno en su corazón. Hasta ese momento no se había planteado cómo ella lo había localizado, y el miedo le sacudió. Las acusaciones y los reproches empujaban su lengua contra el paladar, formando un vocabulario ofensivo que apuntaba directamente a ella. Justo en ese instante, un coche se detuvo bruscamente delante de la cafetería, tan cerca de ellos que al abrir la puerta, quedaban físicamente separados. Michael se apeó del asiento del copiloto, apareciendo al lado mismo de su estupefacto hermano. Intentaron salvar el obstáculo de la puerta del vehículo, pero Sofía aprovechó esa fracción de segundo para escabullirse y confundirse en una multitud que, casualmente, se había formado a su espalda y que atravesó velozmente, sin que ninguno de los tres tuviera tiempo de reaccionar.
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SaraTancredi
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Mar Mar 03 2009, 02:35

Kitty me haz dejado otra vez con ganas de querer saber mas, las palabras que haz escogido para adornar cada momento han sido las ideales, cada detalle como haz explicado la situacion de Alex (mi periquito) ha estado bajo un control muy bien alineado.

Los sueños de Alex, la indeferencia de Michael al decirle "Al grano, Alex" (engatizando esa X), me ha gustado mucho como haz hecho del encuentro entre Linc y Sofia un momento no tan dulce sino algo incomodo para ambos, como entre la ingenuidad de Sofia todavia se preocupa por el bien de James....

El encuentro entre dos hermanos que se suponen no debian verse y solo matener contacto por telefono.... muy bien hecho linda Kitty, ahora me dejaste con la duda de como esta Sara con todo esto.....

Espero con ansias tu proxima entrega... que estoy segura sera tan atrapante como las dos primeras.... Beshos
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Dom Mar 08 2009, 23:24

En mi imaginación, la relación Linc-Sofía nunca fue fácil, porque él era demasiado hombre para ella. Además, el personaje de Sofía siempre me resultó muy plano, y ansiaba una debilidad en su carácter como la que he intentado reflejar en mi particular versión de la historia.

Por otra parte, la simbiosis Mahone – Scofield siempre fue de mis favoritas, ese duelo de fuerzas desde la inteligencia era sencillamente delicioso y espero que nos tengan reservadas algunas perlas más antes del final
SaritaT, querida Cinthia, tus comentarios son altamente apreciados. ¡Gracias!
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Capítulo 3


Al entrar en casa, a Sara le sacudió una bofetada de silencio que alertó sus sentidos. Subió a la habitación de Emma y, encontrándola desierta, se precipitó escaleras abajo, hacia el salón, donde la negrura de la pantalla del televisor la sumió en el desconcierto. La niñera conocía la hora en que ella llegaba a casa, la había avisado apenas unas horas antes, en un pequeño descanso de su turno en el Hospital, y tenía instrucciones precisas de esperar su regreso, entreteniendo a la pequeña en el interior de la vivienda. De sobras sabía que no podían salir sin su expresa autorización. Llegar a casa, y escuchar los diminutos pasos de su hija abalanzándose sobre ella, era uno de los detalles por los que más adoración sentía en la relativa comodidad de su nueva vida. Se derretía de amor cuando percibía su suave piel aferrándose a su cuello como si la vida dependiera del calor materno y del olor dulzón a vainilla y canela que desprendía. Sin vacilación, se dirigió al teléfono de la cocina en busca de una explicación que calmara sus nervios. El auricular rozaba su oído cuando a través de la ventana divisó una pequeña figura meciéndose en el columpio de sus vecinos al compás que le marcaba una tierna manaza, y los músculos faciales de Sara se relajaron sacudidos por una corriente eléctrica instantánea. Sucre, sintiéndose observado, se giró lentamente hacia el lugar donde su amiga y antigua doctora le esperaba con una cálida y familiar sonrisa, a la que él no pudo más que responder, mientras Emma, habiéndose percatado de la presencia materna, intentaba escapar del columpio a la caza de ese abrazo que había estado esperando durante todo el día. Sara descansó su mirada en Sucre, atenta al cariño con el que el ex-presidiario tomaba en sus brazos a la pequeña criatura, mientras se dirigían hacia la casa, trotando y retorciéndose de la risa que les provocaban las cosquillas que la niña recibía entusiasmada.

Corrió a abrir la puerta principal, apremiada por la alegría que se esbozaba en su rostro con la precisión de un pintor talentoso. Sus brazos se separaron de su cuerpo mecánicamente, deseosos de acoger entre ellos la amistad de Sucre y el amor de su hija. Sucre besó a Sara, cerrando los ojos a fin de espantar el atisbo de melancolía que lo invadía.

- ¡Qué alegría tenerte de nuevo aquí! Aunque siempre insistas en darme algún que otro sobresalto – le reprendió Sara con una traviesa sonrisa - ¡Vamos! Entremos y merendemos, seguro que el juego os ha abierto el apetito.

Emma observaba a su madre y a Sucre por encima del tazón de cacao que Sara le había dispuesto, atenta a cada palabra que pronunciaban los mayores como si pudiera entenderlos, respondiendo al gesto de preocupación que se reflejaba en el rostro de su madre con un fruncimiento de su diminuta frente. La pequeña no podía entender el sentimiento de frustración y desamparo que impregnaba la expresión de Sucre, mientras le explicaba a Sara cómo se había desencadenado su enésima pelea con Maricruz. El té relajaba a Sucre, que se abandonaba a la comprensiva conversación que la buena doctora le ofrecía, mientras los últimos rayos de sol del día les acariciaban a través de la ventana de la cocina, y hasta que el monólogo en el que Sucre se había encerrado, se vio interrumpido por un rumor de llaves en refriega con la puerta de entrada. Sin tiempo a reaccionar, Emma ya se había bajado de la silla y corría desenfrenada y alentada por la intuición de saber exactamente quien acababa de llegar.

Cuando Sara aproximaba sus labios a la barba de su marido, la niña ya estaba perfectamente acomodada en los brazos de Michael. Detrás de él, entraba, con gesto adusto y paso seguro, Lincoln, que saludaba a su cuñada con un leve asentimiento, como era su costumbre. Sucre, apoyado en el alféizar de la puerta de la cocina, esperaba, oculto tras una sonrisa, la calurosa bienvenida de su amigo y hermano de vida. Antes de desprenderse del abrazo de Sara, Michael tuvo tiempo de sentir como los músculos de ella se tensaban al chocar con la mirada de Mahone, uno de los fantasmas de su pasado, y reclamó su atención mediante ese gesto que formaba parte de su lenguaje íntimo, esperando que pudiera apaciguar su creciente inquietud. El apretón de manos entre Sucre y Lincoln se tiñó de la desconfianza con la que el primero premiaba la presencia del ex-agente.

Ya en el salón, los cuatro escuchaban atentamente el relato de Alex, mientras Emma, a sus pies, rodeada de juguetes que se esparcían desordenadamente por la alfombra, dejaba escapar un bostezo de soberano aburrimiento, sin comprender y ajena a la zozobra que sobrevolaba el parlamento del ex-agente del FBI.

- Nunca hemos abandonado esta persecución, nuestra insistencia jamás ha sido tan persistente como en estos últimos meses, Michael – decía Mahone, intentado vencer las reticencias de su audiencia- Whistler siempre fue un fugitivo sobre el que pesaba una orden de busca y captura que renovábamos incesantemente, impidiendo que cayera en el olvido. Tú sabes que ésa era una apuesta personal.

- No me importa lo mucho que hayas trabajado en este caso, Alex – decía Michael, mientras sentía el calor de la mano de Sara en su pierna- No me importa lo que hayas sacrificado para capturar a Whistler, porque siempre seré yo el que más tuvo que perder y el que más arriesgó. Sólo quiero que esto acabe, dejar de esconderme, que mi hija no tenga que huir de mi mano por todo el país.

- El final está cerca, Michael. Sé que temes exponerte a la opinión pública otra vez. Sé que por encima de todo te preocupa la seguridad de tu familia, pero tú mismo reconoces que nunca estarás a salvo a menos que el último peón haya caído definitivamente. Whistler debe ser encarcelado de por vida y para ello necesitamos tu testimonio.

- ¿Y qué pasará con Sofía? – preguntó Lincoln de improviso.

- ¿Sofía? ¿A quién le importa Sofía? – contestó Mahone, ajeno a los sentimientos contradictorios de Linc.

- Quiero decir... ella es la chica de Whistler, también debe saber cosas – intentó aclarar un titubeante Lincoln.

- Su palabra no tiene ningún valor. Whistler siempre la ha mantenido al margen de sus conspiraciones, quizás sea la única cosa buena que ha hecho en su vida – sentenció Mahone, con la mirada perdida en la imagen que percibía desde la ventana central del salón.

Un velo silencioso cubrió los rostros preocupados y un tanto ausentes de Lincoln, Sucre, Mahone, Michael y Sara. La pesadez del ambiente descansaba sobre sus hombros como si de una enorme carga se tratara. Ninguno se atrevía a pronunciar la primera palabra y sólo Emma se aventuraba a acercarse hasta su tío Sucre para mostrarle su juguete favorito. Lincoln acarició la cabeza de su sobrina cuando ésta pasó entre sus piernas. Sucre entendió que ese no era el mejor lugar para la pequeña, así que, alzándola del suelo, se alejó con ella hacia la cocina, hacia el patio, donde podrían sentarse en el porche a despedir el extraño día que habían vivido.

Calmado y sereno, agradecido por la seguridad que le transmitían los brazos de su excompañero de celda alrededor de su hija, Michael cogió las manos de Sara entre las suyas, entrelazándolas, como hacía siempre que necesitaba infundirse valor. A su lado, Lincoln depositaba una mano en el hombro de su hermano, alentándolo, comprendiéndole y ofreciéndole su apoyo.

- De acuerdo, lo haré. Saldré de mi madriguera y me enfrentaré a Whistler, pero Dios quiera que esto acabe bien porque va a ser la última vez – escupió Michael- ¿Me has oído, Alex? Asegúrate de que no habrá ningún fallo y podrás contar conmigo.

- Te lo prometo – dijo Mahone, sin desviar la mirada- Yo también quiero volver con mi familia. Esa es mi principal motivación.

Sus últimas palabras se perdieron en el eco de los pasos que le dirigían hacia la puerta principal. Sin un adiós, los dejo en la intimidad, a cobijo de aquel techo que quería temblar como se estremece la tierra ante la erupción de un volcán. Lincoln maldecía en silencio el traslucir de su debilidad por Sofía, y contemplaba de reojo la angustia que brillaba en los ojos de su hermano, cuando su móvil sonó y recordó que hacía un buen rato ya que debía estar en su casa, cenando con Jane y LJ. Tras despedirse de su sobrina, se fue, con gran pesar en su corazón por dejar solos a Michael y a Sara en aquel turbulento trance.

Apenas cenaron. El esfuerzo de Sara por disponer una mesa de viandas para agasajar la presencia de Sucre fue en vano. Cada uno de ellos seguía enfrascado en la disección de los acontecimientos que habían tenido lugar aquel día. El monólogo de Mahone seguía repitiéndose en sus mentes como el ronroneo de un motor atrapado en un bucle infinito. Sucre se sentía especialmente impotente y culpable por imponerles su presencia en un momento tan trascendental como aquel. Quería ayudar pero no sabía cómo, incapaz de componer una frase que contuviera un leve consuelo. Observaba a su amigo, devanándose los sesos por encontrar una salida que le permitiera eludir el enfrentamiento con Whistler y el escarnio público de volver a estar en el ojo del huracán. Michael abominaba su exposición a la opinión pública, quería preservar ante todo su intimidad familiar y alejar definitivamente a Sara de la atención que le deparaba su posición como hija del fallecido gobernador. De tanto en cuanto posaba su mirada en la esbelta figura de su esposa y recordaba el intenso trabajo de investigación que había llevado a cabo sobre ella antes de entrar en Fox River. Conocer su trabajo, su trayectoria y los avatares de su vida personal, no le habían servido para sortear el enamoramiento. La primera vez que la vio, pensó que si conseguía convertirla en un objeto, centrándose en exclusiva en los detalles objetivos de su vida, los sentimientos que empezaban a sacudirle las arterias, se serenarían y le abandonarían. Reconocía ahora su actitud ilusoria y la inutilidad de luchar contra el destino marcado en las líneas del tiempo.

Ante la falta de interés que despertaba en sus mayores durante aquella oscura velada, Emma se fue arrinconando poco a poco hasta quedarse profundamente dormida en un vértice de la alfombra del salón, acompañada únicamente de Mr. Potato y del Sr. Gusiluz. Sara se inclinó con lentitud y extremo cuidado para recoger a su hija del suelo. La niña apenas se movió y siguió durmiendo plácidamente, mientras su madre la conducía a su habitación donde podría descansar más cómodamente. Sucre no sabía qué decir, habiendo agotado ya todos los ornatos del salón que podía cazar con la única arma que le proporcionaba su vista cansada.

- Quizás debería marcharme... a un hotel. No tengo mucho dinero, pero algo encontraré, seguro. Además aún es temprano – se le ocurrió decir.

- No vas a ir a ninguna parte. Eres parte de esta familia y esta es tu casa – contestó mecánicamente Michael, sin mirarle.

- Ya lo sé, hermano, pero Sara y tú tenéis derecho a estar solos en este momento tan complicado.

- Tu presencia nos distrae de los temores, Sucre. Me ayuda saber que estas aquí, me aporta seguridad. Además, necesitaremos que alguien se quede con Emma mañana mientras se celebra la vista, y no hay nadie en quien confíe más que en ti. Me voy a intentar descansar. Si necesitas cualquier cosa, ya sabes donde encontrarnos.

Y dicho esto, Michael se levantó y dejó a Sucre en la soledad de un salón tenuemente iluminado por la lámpara de lectura que Sara utilizaba durante las contadas noches en las que no tenía guardia en el hospital.

En la penumbra de su habitación, Sara, apenas cubierta por una bata ligera de raso, permanecía sentada al borde de la cama matrimonial, con la vista fija en su mano que, como si hubiera cobrado vida propia, se dedicaba a arañar la más inocente de las mesitas de noche. Intentaba expulsar la rabia que recorría su cuerpo y viajaba por su piel, resistiéndose a la caricia de la brisa nocturna que entraba a través de la ventana. Michael, silencioso y cauto, observaba su belleza serena desde la puerta, tanteando la forma de acercarse a ella sin espantarla. Quería tocarla, cubrirla con su abrazo y rozar con sus labios la curvatura de sus caderas, ascender hasta su vientre plano y descansar en la oscuridad de su ombligo. Se aproximó sigilosamente, con los labios entreabiertos, húmedos por el deseo que se abría paso en su interior. Sara, percatándose de su cercanía, levantó la vista de su mano, y olvidándose de respirar, le atrajo hacia sí, invitándole a descubrir sus hombros. Michael deslizó la bata por su suave espalda, resiguiendo la redondez de sus pechos, a la vez que Sara se arqueaba al notar como sus pezones se endurecían y repartían el placer por todos los poros de su piel. Se miraron un segundo con la profundidad de un océano embravecido, y sus lenguas se unieron en un baile que venía marcado por el ritmo acelerado de sus corazones. Recorriendo lentamente su cuello, él alcanzó con su boca la aureola de su pecho y succionó el familiar regusto de algodón de azúcar que impacientaba su apasionamiento. De repente, el repicar de unos pasos escalando al primer piso, los distrajo de su abstracción sexual. Sara se cubrió justo a tiempo de ver aparecer a Sucre por el marco de la puerta, quien, arrastrando tímidamente una almohada, reclamaba una manta a base de susurros.
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winslet
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Lun Mar 09 2009, 19:32

Wohhhh Kitty! Que gozada pequeña ¡Bravo! aplausos

Siempre me imprimo los capítulos, y los leo muy despacio saboreando cada frase para sacarle todo el juguillo.

Tu historia es genial, y cada frase tiene algún matiz, algún transfondo que me hace disfrutar muchísimo. Se nota que comprendes la serie. Que respetas y conoces a los personajes.
En las historias doy casi mas importancia a la forma que al contenido, y tu forma es fantástica Cris. Como te dije, cuando termino de leer un capítulo y levanto la cabeza del folio, siempre quedo desorientada, necesito más….

Hay tantas cosas que me gustan que no sabría por dónde empezar.
A ver…

Adoro la conversación en la carretera entre Mahone y Michael, ¡es tan real! Como a ti, siempre me ha interesado mucho esta relación. Mucho más incluso que la que mantienen entre si los hermanos. A parte del genial duelo de mentes que comentabas, creo además que hay espacio para las preocupaciones, y para una mutua admiración no demasiado explícita pero sin duda presente.
Quiso imaginar cómo se había adaptado a su nueva situación, quiso imaginar cuáles eran los anhelos que moraban en su corazón. Que hermoso Kitty.
Gracias por dar a Michael y a Alex esta cabida tan especial. No sé si la serie querrá volver a dársela.

En tu visión, me encanta la evolución profesional que ha tenido Mahone, verlo como asesor presidencial y luchando por erradicar los intereses de poder. A parte de sentirse útil, sería una hermosa manera de resarcirse de sus culpas y ahuyentar los fantasmas.
Y a pesar de todo, cuando entra en casa de Michael y Sara no le sentí como una figura extraña. Creo que él en tu historia representa la llave de entrada al futuro, y eso me gusta.

Y sobre los detalles… ¡que decir de ellos!. Me encanta Sara buscando a su hija y encontrándola acunada por esa manaza tierna del buen amigo Sucre, ¡que placer visualizar a la preciosa hija de Michael en sus brazos!, me gusta el beso que le da a Sara, me gusta que esta le prepare viandas para regalarle comodidad, y que él desahogue confidencias sentimentales con la buena doctora. Que bonito guiño Cris.

Me gusta que el matrimonio confíe su hija a Sucre con tanto cariño y sin cuestionarlo. Adoro la inocente y constante presencia de Emma reclamando la atención de todas las personas que le ofrecen cariño.
Me gusta como Sucre no sabe como encontrar palabras y como se siente incómodo sin comprender muy bien que es su presencia lo único que les importa: No vas a ir a ninguna parte. Eres parte de esta familia, y esta es tu casa.

Me gusta el gesto con el que Lincoln recibe a su cuñada ¡que bien representas a Linc!, me gusta como pasa su mano sobre la cabeza de su sobrina aprovechando que pasa por su lado, esa ternura soterrada de Lincoln que tanto me conmueve. Como cuando descubre debilidad al preocuparse por Sofia, o sus pensamientos de protección no excesivamente exteriorizados hacia su hermano y su familia. Que cadena tan gruesa al cuello es la de la contención.

Me gusta la preocupación de Michael por preservar la intimidad de su hija y de Sara, como piensa en ellas, como su prioridad es protegerlas.
Me gustan los discretos contactos entre Michael y Sara. Como se apoyan y se buscan a través de la mirada o de sus cuerpos... la caliente mano de Sara sobre su pierna, o como él busca la energía que le aporta Sara entrelazando sus manos. Su amor es muy sincero en tu historia. Muy hermoso.

La primera vez que la vio, pensó que si conseguía convertirla en un objeto, centrándose en exclusiva en los detalles objetivos de su vida, los sentimientos que empezaban a sacudirle las arterias, se serenarían y le abandonarían
Adoro esta frase, pues resume ese carácter racional de Michael que tan bien desmoronaba Sara en las primeras temporadas.

Me gusta la imagen de esa Sara serena y distraída con la bata de raso sentada sobre la cama, y como Michael se acerca a ella sin pretender espantarla. Me conmueve que de alguna manera esté temeroso en el acercamiento, como buscando su aprobación.

El último párrafo es estupendo Kitty, las letras se me amontonaban, porque por un lado quería ir despacio, pero no podía hacerlo ! jajjaja ¡Bravo!
Impagable ese Sucre arrastrando la almohada… ¡Ese Sucreincorructus! Te prometo que estaba viendo su expresión inocente al pedir la manta y me moría de la risa.
Será para otra ocasión.

Quedo intrigada a la espera del próximo capítulo. ¿el último ya?.. que penita.

Gracias por esto

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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Lun Mar 09 2009, 22:51

aplausos
Maravilloso no tengo palabras para describir todo lo que me has tranmitido y como me he sentido, magnifico y como siempre me he quedado con ganas de mas. Me ha encantado cada detalle, me ha enganchado de tal forma, me ha emocionado y me he metido tanto en el relato que durante este maravilloso rato que me has regalado no he sido consciente de la realidad. Precioso, muchisimas gracias.
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SaraTancredi
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Mar Mar 10 2009, 03:24

BRAVO.....BRAVO


Kitty es impresionante la manera como haz tratado a todos los personajes en este capitulo, me ha encantado la preocupacion de Sara al no encontrar a Emma en casa, describes como el miedo inconsiente de un pasado que aun la atormenta en la oscuridad lo siente y lo manifiesta al imaginar siquiera que su hija pudiera estar en peligro....

Algo que me hace aplaudirte es que ayas incluido a Sucre en la historia.... MUCHAS GRACIAS.... ya necesitaba saber si todavia segun tu persepcion tenian algun contacto.... y me encanto su primera aparicion y como para Emma es un tio mas, con el que esta segura, contenta, y hasta le muestra sus juguetes favoritos.

La confianza que aun Michael tiene con su amigo y como sabe que a su lado su pequeña hija tiene toda la seguridad que podria necesitar

Citación :
Calmado y sereno, agradecido por la seguridad que le transmitían los brazos de su excompañero de celda alrededor de su hija, Michael cogió las manos de Sara entre las suyas, entrelazándolas, como hacía siempre que necesitaba infundirse valor. A su lado, Lincoln depositaba una mano en el hombro de su hermano, alentándolo, comprendiéndole y ofreciéndole su apoyo.

como describes los pequeños toques entre Michael y Sara, en su ida matrimonial, el acercamiento de su mano, la mano caliente de Sara en su pierna.... lindo-... simplemente magnifico Kitty, que excelente escritora eres....

Linc y su fallido intento de engañarse asi mismo que Sofia le es indiferente, Mahone como se siente con la responsabilidad de hacer lo correcto y como le haz dado el puesto tan meritorio a su inteligencia notable... muy bien

La familiaridad con la que tratan a Sucre, me gusta mucho que lo tomen como parte de la familia, muy merecido que lo tiene, y como Michael quiere para darle mas confianza de seguridad en su casa, y como nunca le permitiria ir a un hotel.....


La parte MiSa


que lindo como haz hecho esta parte del escuentro, como Michael se acerca esperando una respuesta y Sara lo acerca, invitandolo a seguir, sus caricias y besos, muy bonito esta escena ......

Cuando Sucre se aparece por el dormitorio....jajajaja..... trate de imaginar el momento a Sucre arrastrando un almohada jajajajajaja

Citación :
Sara se cubrió justo a tiempo de ver aparecer a Sucre por el marco de la puerta, quien, arrastrando tímidamente una almohada, reclamaba una manta a base de susurros.

jajajajaja si se me llenaron los ojos de lagrimas al imaginarme en ese cuadro a Sucre....

Kitty linda te felicito haz escrito magnificamente cada momento, cada escena, cada planteamiento.... ahora estoy a la espera ansiosa de tu otra entrega.... Beshos.
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Jue Mar 12 2009, 02:10

Me ha gustado mucho el relato aplausos aplausos

enhorabuena!!!
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Dom Mar 15 2009, 23:52

Todo lo que empieza tiene un final. De entre todos los posibles, este es el mío.

Ha sido un placer escribir esta historia que, aún con sus limitaciones, está cargada de ilusión, pero mayor satisfacción ha sido compartirla con todas. Por vuestro seguimiento, os estaré eternamente agradecida.


____________________________________________________

Capítulo 4


Sentían los párpados pesados como si sujetasen con ellos el robusto telón de una antigua escena teatral. Un penetrante olor a tierra mojada se esparcía por la habitación, como recordatorio de una noche de intermitentes desvelos, acrecentados por la furiosa tormenta que se había desatado durante la eterna madrugada. Michael se aferraba a un abrazo que descansaba inerte sobre el cuerpo semidesnudo de Sara, con el fin de protegerse mutuamente de los funestos presagios que se mantenían suspendidos del techo. Emma entró, arrastrando una mantita llena de ositos desdibujados, con colores desgastados por el manoseo constante a que eran sometidos. Bostezaba y desperezaba el sueño que la perseguía desde su cuarto y pugnaba por subir al lecho de sus padres, como cada mañana. Sin embargo, los planes para ese día que despuntaba entre los restos de nubarrones de la pasada noche, eran radicalmente distintos a los habituales. Intentando proporcionar un descanso extra a su mujer, Michael bajó a la cocina con Emma aupada sobre sus hombros. Allí, Sucre les esperaba ya con el desayuno en la mesa. Pero a Sara le pinchaba el colchón como si hubiera estado durmiendo sobre erizos de mar y se levantó en cuanto se hubo percatado de la ausencia de su marido.

Justo terminaban la primera taza de café, cuando escucharon el motor de un coche que se detenía a la entrada. Cruzaron una tímida mirada que depositaba su esperanza en un futuro libre de culpas ajenas, y se dirigieron con paso seguro hacia el final de aquel largo viaje que habían empezado cinco años atrás y que había determinado sus vidas guiándolas por un camino angosto y tortuoso.

En cuestión de minutos llegaron ante el imponente edificio que albergaba las salas de justicia de su ciudad de acogida. Antiguamente había sido sede de la cárcel estatal, y reducto de aquel pasado al servicio de la privación de libertad, se habían conservado parte de las rejas que antaño habían protegido a la ciudadanía de la perversidad de los delincuentes. Ante dicha visión, Michael voló inconscientemente a sus días como huésped involuntario en la prisión Fox River y se estremeció sin remedio. Empalideció y recibió la caricia que Sara le ofrecía con una mano que temblaba como el llanto de un bebé.

La noticia del traslado de Whistler desde la penitenciaría del condado y la celebración de una vista contra él había corrido como la pólvora. Las acusaciones de falsedad vertidas sobre las filtraciones judiciales de las últimas horas habían devenido inútiles y a las puertas de los juzgados se agolpaba una legión de reporteros, cámaras y curiosos atraídos como moscas ante un espectáculo inmundo y rastrero que se servía de la morbosidad que la desgracia ajena despertaba en sus mentes amorales.

En un despacho de muebles vetustos de caoba, el muy honorable Juez Whitersmith desgastaba con su continuo trajín el sufrido pavimento que se rendía a sus pies, mientras abogado defensor y fiscal del distrito iban menguando progresivamente en sus sillones en respuesta a la ira que se arremolinaba ante sus ojos. En una sala contigua, Michael y Sara aguardaban impacientes algún indicio que señalase el final de la tormenta y el inicio de la calma. Mahone los observaba detenidamente, contagiándose de su agitación hasta descubrirse rebuscando entre los bolsillos de su chaqueta los restos de una adición cuya sombra aparecía sin previo aviso para recordarle cuál era la vía equivocada que no debía tomar. Necesitaba salir de allí y despejar su mente, así que decidió que lo más prudente era dirigirse a la caza y captura de alguna información relevante. Mientras, la discusión entre los agentes encargados de impartir justicia avanzaba inexorablemente hacia una salida discreta.

- Si iniciamos la vista, aunque sea a puerta cerrada, despertaremos a la bestia de los medios de comunicación. Mientras postergamos la decisión, damos tiempo a que la Compañía reorganice sus escasos medios y se entrometa con éxito en el buen fin de este procedimiento – argumentaba el fiscal, sin dejar de observar el gesto contrito del juez.

- Tomaremos declaración al testigo mediante escrito que leerá y ratificará en mi presencia y no admitiré protesta alguna a mi decisión- sentenció el juez fijando su mirada en el abogado defensor que acataba la orden con la resignación de un perdedor.

Y así se hizo efectivamente. Michael prestó declaración por escrito, incriminando a Whistler en cada palabra, en un acto que fue presenciado por Mahone. Éste, exultante, se vanagloriaba del tanto a su favor que acababa de apuntarse y que le permitiría, por fin, reunirse con su familia para no abandonarla nunca jamás. Para Michael y Sara aún debería pasar un tiempo prudencial antes de que pudieran disfrutar de la vida en total libertad, sin alegorías que la restringiesen y la conminasen a una falsa identidad. Podrían volver a ser Michael, el inteligente y sensible ingeniero estructural, y Sara, la perspicaz y entregada doctora en medicina. Podrían volver a ser Michael y Sara, aquellos que esquivaron las balas gracias al escudo de su imparable amor.

Al final, todo se había desarrollado de forma muy rápida. Ni siquiera habían tenido que verse las caras con Whistler, lo cual les satisfacía enormemente. Se despidieron de Mahone, en son de paz, con un apretón de manos y un histórico abrazo, y huyeron como alma que lleva el diablo, hacia su hogar, hacia la sonrisa de su hija. Estaban tan ansiosos de escapar de allí que ni siquiera esperaron a conocer el veredicto. Pasarían horas antes de que acabasen las deliberaciones del jurado y, para entonces, ellos querían estar bien lejos, acurrucados sobre la alfombra de su salón, viendo fotos sin parar y explicándole a Emma lindas historias de princesas prometidas.

Sin embargo, otra nueva sorpresa les esperaba al llegar a casa. Iban tan ensimismados el uno en el otro que no repararon en el coche que estaba aparcado en frente de su puerta. Un ostentoso monovolumen de color metalizado lucía unas graciosas cortinillas repletas de diminutos grabados de Winnie The Pooh. Tuvieron que tropezar con un todoterreno teledirigido que se hallaba tirado de cualquier manera en el caminito de entrada para caer en la cuenta de que nuevos invitados habían aparecido como por arte de magia. A medida que se aproximaban a la puerta principal, la algarabía que se desarrollaba en el interior crecía en intensidad dibujando la sorpresa en sus rostros.

Emma y Roberto Sucre corrían desenfrenados por el salón, persiguiéndose mutuamente con sendos aeroplanos de juguete, e imitando con su aguda voz infantil el estruendo de un motor. Estaban pasándolo en grande, ajenos al mundo real e inmersos en ese mundo de fantasía que nos permite afrontar la madurez que nos alcanzará al crecer. Sara los observó divertida, e absolutamente incrédula ante la perfección de ese día que había despertado con un cielo tan amenazante como las obligaciones a las que debieron hacer frente. Ahora sabía a ciencia cierta a quien pertenecía ese coche que había pasado por alto al entrar en casa. Otra risa más serena y pletórica llegó hasta sus oídos y siguieron el curso de su delicioso sonido hasta la cocina, donde les esperaban, cómodamente instalados, Sucre y Maricruz. De refilón, vio a Michael sonreír, con esa sonrisa franca y abierta que esperaba ver aparecer desde hacía ya algún tiempo. Su vida la formaban aquellos que tenía alrededor. Eran ellos los que daban sentido a su tesón y calmaban su angustia en los momentos más difíciles. Por su familia, por sus amigos, por mantenerlos a salvo, se entregaría a las fauces del lobo sin dudar. Con los codos apoyados en la mesa, reposando su cabeza sobre sus manos, veía los labios de Michael moverse animadamente, pero su mente estaba muy lejos de allí. Conocía la historia demasiado bien para prestar atención. Necesitaba descansar, desconectar de todo lo negativo y disfrutar de la paz que le transmitían sus seres más cercanos con su sola presencia. Tan absorta estaba en sus pensamientos que no notó la mano de Maricruz tocándole el hombro y reclamando su atención.

- Sara, ¿has oído una palabra de lo que te hemos dicho? – la interpeló Maricruz.

- Eh, ¿cómo?... perdona yo... no sé donde estaba, supongo que muy lejos.

- Muy bonito –la reprendió dulcemente Sucre- así nos agradeces que nos sacrifiquemos por la causa.

- ¿Causa? ¿Qué causa? – respondió Sara, buscando una pista en la mirada de Michael.

- Empaqueta lo más imprescindible y no hace falta que lleves pijama – le guiñó un ojo Michael.

El cielo se teñía de malva y el sol empezaba a descender cuando divisaron a lo lejos la débil columna de humo que les indicaba su próximo destino, oculto entre el frondoso bosque que se espesaba ante ellos. Avanzaron casi a tientas por un estrechísimo camino de tierra que hacía temblar los neumáticos de su monovolumen de ciudad. Sara se sujetaba a la maneta de la puerta y a su asiento, intentando sortear las sacudidas que provocaban los continuos baches, mientras se sonreía pícaramente. Hacía tiempo que no se lo pasaba tan bien. Michael la miraba de reojo y dibujaba una media sonrisa en sus labios. Hacía tiempo que no se sentía seguro a la par que sereno. Entre botes y risitas nerviosas llegaron a un claro en la arboleda, donde se hallaba cómodamente asentada una simple cabaña hecha de robustos maderos. Bajaron del coche y aspiraron el aire límpido que brotaba de las copas de los árboles, como si fuera una inyección de ambrosía. La vista despejada de vegetación dejaba entrever las primeras estrellas de la vespertina. A pocos pasos de donde habían parado el coche, un lago de aguas profundas se guarecía de la noche, mecido por la leve brisa del atardecer. Sara se aproximó a la orilla y Michael se le sumó con prontitud, rodeándola con sus brazos. Así permanecieron largo rato, deteniendo las agujas del reloj, en una dimensión paralela donde no tenían cabida las conspiraciones, ni los asesinatos, ni las prisiones, salvo las del corazón.

En los límites de la oscuridad se entregaron el uno al otro, con la serenidad que otorga la certeza de saber que nunca más les acuciaría la necesidad apremiante de vigilar sus espaldas, porque no les rondarían más peligros. Calmaron la ansiedad de unos cuerpos añorantes del tibio cosquilleo que precede a la eclosión del deseo.

Sara se preguntó si una persona era capaz de enamorarse de otra en un sólo día y, mirando a los ojos de Michael, resolvió que podía enamorarse y re-enamorarse en cuestión de segundos. Sus manos parecía articuladas por cientos, miles, de hilos invisibles que, manejados desde la distancia, les hacían acariciar sin cesar, explorando cada milímetro de piel.

Se desnudaron bajo la luz anaranjada que desprendía el fuego que ardía en la chimenea, al compás de su deseo mutuo. El ambiente tenue dilataba sus pupilas que refulgían de expectación. Redescubrieron los resortes de su placer con impaciencia y esmero. Sus labios y sus lenguas acompañaban a sus manos por senderos de pasión, mientras en su interior sentían el despertar de las ansias dormidas.

El código genético de Michael rememoró aquellas caricias que más enloquecían a Sara e, imitándolas, las perfeccionó. En un instante la besaba y al siguiente sólo su aliento rozaba la entrepierna de ella. La calidez que desprendía su interior, acentuaba su manifiesta excitación. Sin separar sus labios de los de ella, bajó lentamente su mano hacia el jardín de su consuelo. Sara, acomodándose y ajustándose al cuerpo de su amante, le envío la invitación definitiva con un jadeo incapaz de contenerse. Atraído por una fuerza irresistible, Michael inició la conquista al trote, para acabar cabalgando juntos a lomos de la pasión. A un paso de la cima, exhalaron un último gemido de satisfacción que fue la envidia de las demás criaturas del bosque y, exhaustos, cayeron rendidos en brazos el uno del otro, fundidos en un solo ser, vencidos, por fin, en la refriega del amor. Y sucumbieron así a un dulce sueño, que reparó todos los agravios sufridos, que les reunió en un salón de oropeles donde ningún fantasma del pasado tenía cabida.

Tras los primeros rayos del sol, unas sábanas revueltas en una cama deshecha arropan a sólo uno de los amantes. Michael duerme plácidamente, apenas cubierto desde los pies hasta el inicio de su espalda. Ya no siente frío. Ni pesar. Ni angustia. En sus sueños únicamente recuerda la calidez del cuerpo de su compañera. Sara se ha ido, apenas se ha alejado unos kilómetros para conseguir algo de leche, pero le ha dejado en la memoria una noche de entrega desmedida y en el lecho una nota para que no se preocupe. Sin embargo, no hay nada que pueda inquietarle ya. No se vislumbra en el horizonte ninguna zozobra que nuble su mente.

Spoiler:
 

FIN
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SaraTancredi
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Lun Mar 16 2009, 02:14



Que linda forma de terminar la historia kitty me ha gustado muchos pero mucho, que Sucre y Maricruz - Michael y Sara (y sus hijos) esten todos como familia y que se vallan uno dias de vacaciones alejandose de todo y de todos..... me ha encantadooooo

y eso de "no hace falta que lleves pijama" mmmmm, ya me imagino porque...jijiji, si bien no hemos visto esos momentos en la serie, pues los veremos en la imaginacion gracias a ti linda.. muchas gracias por regalarnos esa maginacion tuya y darnos ese final de Michael en la cama con esa media sonrisita dibujada en sus labios y esa rosa junto a una nota que significan mas noches como esas juntos....

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oscugary
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Lun Mar 16 2009, 02:46

Hola a todas

Bueno Kitty, que te puedo decir hermana sos una diosa de la literatura

Que manera de llevar la historia y que manera de encontrar las palabras correctas al escribir para poder ayudarnos a imaginar las escenas escritas.

La forma como llevas los personajes es lindisima, especialmente la amistad de Sucre con Mike, aunque solo tengo una duda no era niña la bebe de Sucre en finn detalles .

Cuando escribes de Mahome y sus traumas me lo imagine como en la 2da temporada luchandp consigo mismo para no caer , aunque me dejaste con la duda de que fue de Linc y Sofia me parece que debes abrir una Addenda a la historia.

A mi querida Emma me la imagino con cabello medio risado color negro de largo hasta donde empieza los hombros con una colita de medio caballo y los ojos verdes de Mike y la sonrisa de Sara.

La parte Misa fue espectacular, oh my god que estos chicos no descansan, haber cuando empieza tu relato a Mike le pesaron las sabanas porque esa noche Sara no tenia guardia, luego casi casi Sucre los ve y al final se van en plan de pinic y No lleves Pijama. babas jajaajajaj y pensar que en la real nos regalaron solo uno y mas trucho que bilete de tres dolares , pero aun tengo Faith capitulo 19 mmmmmm con su +1 o -1 y que no sea mas patetico que el cuerpo de Victoria Beckham.

Gracias por deleitarnos con tu relato y esperando tu pronta inspiracion para otra historia mientras estemos viendo los ultimos capitulos de nuestra serie que nos convirtio en Amigas Virtuales

Posdata Cuidate Mucho y Saludos

Oscugary
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Mar Mar 17 2009, 23:56

Gracias por este “En los límites de la oscuridad”, lo conservaré como lo que es; un tesoro.
Un recuerdo de esta historia de amor que marcó y unió nuestras vidas en algún punto del camino.
Lo guardaré siempre, de verdad que si.

Como es aquello que decía Rusita, "Ovación cerrada y público en pie" !! aplausos

Estoy pensado ahora que voy a echar de menos encontrar tus capítulos cada semana. Sumergirme en sus vidas, partir de viaje...

Eres una escritora maravillosa; precisa, dulce, imaginativa, valiente... Tu don nos baja hasta un lugar donde las imágenes difícilmente pueden llegar; pinceladas y atmósferas que la serie no muestra en su superficie, pero que estamos desando saborearlas pues sabemos de su existencia. Gracias Kitty.
Además, ¡te has manifestado como una excelente escritora erótica! mmmm...
Michael y Sara se merecen el derecho a desfallecer por agotamiento. A derrochar su energía en mutuo beneficio. A.... bueno, pues eso.

Escribiste antes de postearlo, que lo hacías como una especie de despedida hacia esta serie. Me parece algo precioso, un hermosísimo punto y final.
Pero eso no solo ha quedado solo ahí Cris, hemos hecho nuestro tu relato de alguna manera. Nos has dado la posibilidad de hacer nuestra tu imaginación, ya que gracias a plasmarla en un papel y a compartirla en estas páginas, hemos dado forma tus ideas en nuestra mente y hemos soñado con tus imágenes. Esto es muy hermoso y tienes que sentirte muy orgullosa.

Gracias a ti, sabemos que Michael y Sara retomarán su vida profesional, sabemos de la soñadora mirada ausente de Sara saboreando la felicidad de ver a su marido relajado y distendido...(viendo sus labios moverse -que hermoso). Sabemos que a Michael y a Sara se les pegan las sábanas con frecuencia, sabemos de la confianza y el colchón de la eterna sonrisa de Sucre, sabemos de la dignidad de un abrazo histórico por derecho propio, sabemos de la alegría y amor que proyecta Emma en cada uno de sus pequeños pasos...

Siempre digo que necesito ver paz para estos personajes, que estoy agotada de tanta persecución, de tanto encierro, de tantos opacos telones que ocultan el futuro. Michael, Linc, Sara, Mahone, Sucre, T-Bag... se han ganado el derecho a desaparecer.
Podrás imaginar, -por eso mismo y por lo que Michael y Sara son y siempre serán para mi-, lo que ha significado leer este último capítulo.
Sabrás lo sugerente por alegórica que me parece la imagen de una Sara semidesnuda descansando bajo el brazo de Michael. La paz, la calma, la libertad, la saciante sensación de poseer lo que nos pertenece. De lo que ya nada ni nadie tendrá el derecho de separarnos.

Citación :
No se vislumbra en el horizonte ninguna zozobra que nuble su mente.





Mil gracias !!

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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Lun Abr 13 2009, 23:49

Llego muy tarde, totalmente desfasada, pero debéis creerme cuando os digo que he tenido vuestras palabras muy presentes. Cada uno de vuestros comentarios significa mucho para mí, principalmente por el cariño que amagan detrás, pero también porque son el termómetro perfecto para calibrar mi hacer en el desarrollo de una historia que parte de mi imaginación.

Por eso os agradezco enormemente el tiempo que habéis dedicado a leerme y, sobretodo, a comentar vuestras opiniones sobre lo que habéis leído. Implica una consideración hacia mi persona que me conmueve. No soy capaz de explicarlo con más palabras sin que acabe sonando pretencioso y apelo simplemente a vuestra amabilidad y ternura. Vosotras sabéis entenderme, sabéis leerme más allá de la cursilería que siempre se achaca a las historias de amor y sabéis descifrar lo que subyace debajo de unos personajes tan robustos como Michael y Sara. Para mí, su potencial no se ensombrece tras la desidia de los guionistas en estos últimos tiempos y siguen proyectando una fuerza especial. Se mimetizan con mis deseos y anhelo para ellos un final sosegado que no rasgue nuestra esperanza en vano. Por el tiempo y los esfuerzos invertidos merecemos una consideración, aunque nadie exigiera nuestra implicación.

Esta semana murió Corín Tellado, la escritora más leída en lengua hispana. La escritora más prolífica no sólo de su generación, sino de toda la historia de la literatura castellana. Escribió más de cinco mil novelas, a razón de tres novelas por semana! Con más de ochenta años, llena de achaques e imposibilitada para escribir, seguía dictando novelas que sus familiares transcribían pacientemente. Las cifras no dejan de maravillarme a pesar de la estructura repetitiva que debe presidir su obra. Jamás he leído una sola letra de ella. No puedo juzgar su estilo, pero los hechos de su vida indican que fue una mujer adelantada a su tiempo. Sorteó la censura de la dictadura franquista y esquivó el hipócrita recato de la posguerra. Nunca tuvo el más mínimo reconocimiento. Y, sin embargo, estos días posteriores a su muerte, se habla de ella sin cesar. Dicen que no fue afortunada en el amor, que se casó enamorada de la belleza, pero que su marido nunca la mimó ni la atendió sentimentalmente. Pudo divorciarse pero no lo hizo, dudo de si por creencias religiosas o por un sentimiento victimista que enaltecía su inspiración. Por algo dicen que sólo se puede escribir del amor desde el desamor.

Sea como sea, lo único que quiero apuntar desde estas páginas, para mí misma y para mis compañeras amateurs de la escritura, es que vale la pena seguir escribiendo, seguir explorando las imágenes y conceptos que moran en nuestro interior porque nos ayudan a entender lo que nos rodea, sin perjuicio de los reconocimientos que, sin embargo, siempre son bien recibidos.

¡Ah! Una última cosita. Oscu, que el hijo de Sucre y Maricruz sea varón no es un gazapo (aunque seguro que algún otro se me ha colado ). Cuando lo escribí, aún no sabíamos si su bebé sería un niño o una niña. Podía haberlo cambiado luego pero preferí dejarlo tal cual y así tomar distancia respecto del trabajo de los verdaderos guionistas. (Nota de la autora )
¡Muchos besos!
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Mar Abr 14 2009, 19:18

Produce una sensación espectacular escuchar sentimientos propios que no has pronunciado.

Gracias Kitty por escribirlos, Gracias de corazón.

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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Miér Mayo 13 2009, 23:16

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS

No lo había leído y me has emocionado, este si que es mi final, gracias.
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Jue Mayo 14 2009, 00:58

Relen

Un placer, mi niña... emocionarte y regalarte un final ya es en sí mismo un gran agradecimiento que no sé si merezco.

Gracias infinitas a ti.
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MensajeTema: Re: En los límites de la oscuridad   Hoy a las 19:19

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